A través de la educación familiar los hijos deben tener garantizadas tres condiciones básicas, de las que depende su calidad y que contribuyen a prevenir cualquier tipo de violencia:
1. Una relación afectiva cálida, que proporcione seguridad sin proteger en exceso. La inseguridad puede producirse tanto por falta de protección como por una protección excesiva, que trasmita miedo e indefensión.
2. Un cuidado adecuado teniendo en cuenta las cambiantes necesidades de seguridad y autonomía que se producen con la edad.
3. Una disciplina consistente, sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, que ayude a respetar ciertos límites y aprender a establecer relaciones basadas en el respeto mutuo, la antítesis de la violencia y del modelo de dominio-sumisión en el que se basa.
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