Los datos evidencian la dimensión del problema, amplificado por la penetración en los centros escolares de las redes sociales, un medio idóneo para el ciberacoso. Más de medio millón de adolescentes sufre un grado de acoso intenso; el 54% padece depresión y el 15% ha pensado en alguna ocasión en suicidarse.
El riesgo de bullying se multiplica por cuatro en niños de 7 y 8 años y disminuye conforme se avanza en el Bachillerato, donde el porcentaje –un 11%– se asemeja al mobbing que se produce en otros ámbitos, como el doméstico y el laboral. El 60% de los acosadores acaba cometiendo un delito antes de cumplir los 24 años. Las agresiones y el daño físico representan un 10% de los casos frente al porcentaje de hostigamiento verbal, amenazas, coacciones e intimidación. El bullying es mayor entre los niños (24,4%) que entre las niñas (21,4%).
El informe Cisneros X, el más completo realizado en la Unión Europea, recoge algunos datos positivos: tres de cada cuatro niños acosados no se convierten a su vez en acosadores y en el 20% de los casos son los propios compañeros los que denuncian la conducta hostil hacia un alumno.
Frente a la trivialización y banalización de estas conductas, como ocurre cuando se niega el problema o se recurre al tópico “son cosas de niños”, los expertos abogan por la puesta en marcha de un Plan Nacional contra la Violencia y el Acoso Escolar que incluya la evaluación periódica de la situación, la implantación de protocolos de “buen trato”, planes específicos de formación del profesorado y asesoramiento y apoyo a las víctimas y a sus familias.
El bullying es un grave problema que preocupa a los ciudadanos y cuyas secuelas tienen la misma magnitud que las drogas o la violencia de género.

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